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Juan Helguera

Juan Helguera compositor, guitarrista y musicólogo mexicano nos habla de sus inicios en la música y de sus encuentros con los grandes guitarristas del mundo. El maestro Helguera nos permitió publicar dos de las entrevistas que el hizo; una con el maestro Antonio Lauro y otra con el maestro Leo Brouwer. Además, tenemos partituras y audios de sus composiciones.

Guitarrisimo: Maestro, nos gustaría iniciar con la pregunta que hacemos comúnmente, ¿cómo empezó a interesarse en la guitarra, y como fue su estudio?

Juan Helguera: Bueno, yo procedo del estado de Yucatán, nací en la ciudad de Mérida en una familia de médicos -abuelo, padre, hermanos-; en mi casa se tocaba el piano: yo estudié el piano, mi mamá y mis hermanas tocaban el piano -una de ellas profesionalmente-.

Decir guitarra en Yucatán es decir el instrumento popular por excelencia. Yucatán fue conocido internacionalmente como el lugar de la trova, la trova yucateca encabezada por Ricardo Palmerín, Guty Cárdenas, Pepe Domínguez… Estoy hablando de los años treinta, cuarenta básicamente; claro que eso no se ha perdido, pero todo el mundo tocaba la guitarra.

Yo empecé ahí con el maestro Víctor Madera, aunque estudié poco tiempo con él -un año-. Después lo hice con el maestro Juárez García, un maestro muy bien preparado -era violonchelista de la sinfónica de Yucatán- y autodidacta como Giuliani, que empleaba el sistema Carulli (con el que comencé a trabajar y que todavía conservo); con Juárez García estuve como un año, pero luego salió del estado y me quedé sin maestro.

Yo estaba dedicado, desde otro punto de vista, más al piano que a la guitarra (ésta la toco desde los 14 años, y empecé con música popular, con algunas piezas de Guillermo Gómez). Mi ídolo siempre ha sido Johann Sebastian Bach, incluso mi hijo, el único hijo hombre que tengo, se llama Juan Sebastián. Entonces mi gran ilusión era tocar algo de Bach y me ayudaba con el piano, porque cuando me quedé sin maestro transcribía cosas del piano a la guitarra.

Luego llegué a México en el 53 y entré a la escuela libre de música, con el maestro José Vázquez; en el 55 conocí al profesor de guitarra que fue definitivo para mí, el maestro José María Mendoza, quien por cierto fue el primero en ofrecer un concierto con obras mías en 1960. Cuando llegué a la ciudad de México había muy pocos guitarristas, en el conservatorio estaban el maestro Francisco Salinas, quien para mí es el creador de la escuela mexicana de guitarra; el maestro Jesús Silva, con quien trabajé un poco y fuimos grandes amigos hasta su muerte en el 96, y Guillermo Flores Méndez. Eran los tres grandes maestros que había en México. Cuando Jesús Silva se va a Estados Unidos en 1962 porque Segovia inaugura en Carolina del Norte una cátedra de guitarra, el que gana el puesto dejado por Silva es Alberto Salas, que continúa la labor del anterior. La guitarra comenzaba, no sólo en México sino en el mundo, su enorme proceso de cambio que se inició en la década de los sesenta.

Yo empecé a escribir para la guitarra en 1959, y fue una serie de 12 estudios; en 1960 daba recitales con música mía, entre otras cosas porque nadie tocaba la música de uno; y el primer disco que se grabó con obra mía fue en 1963. En 1964 Alberto Salas grabó un disco también con obras mías.

A mí siempre me ha interesado la pintura, la literatura y la música, y por la carencia de información en esas áreas, después de una conversación con un amigo mío escritor que me dijo: "en la revista tenemos la página de música, hazte cargo tú", fue que en 1964 -por rebeldía- comencé a escribir en la revista, y no he dejado de hacerlo desde esa fecha. En ese año creé la sección "Nota sobre nota", que tuve en televisión durante cuatro años, y mi programa de radio -planeado originalmente para una serie de 13 por los que me invitaron-, que en el 2002 cumplió 31 años en el aire.

Después comencé a dedicarme estrictamente a lo que yo quería. Cada día me fui alejando más de las presentaciones personales, que por otra parte nunca sentí que pudiera ser un guitarrista de concierto. En ocasiones tocaba programas mixtos: tocaba vihuelistas, algo de Bach, y en la segunda parte, obra mía. Después, cuando empecé a grabar discos y otra gente tocaba mi música, me sentí aliviado.

En 1983 fui presidente de la Liga de Compositores de México, que es la editora más importante que tenemos en México actualmente. Todo mi tiempo lo ocupan el periódico, las revistas, la radio, la televisión, la grabación de discos, las presentaciones ocasionales…

Entre mis obras principales están, una Mangoreana, los Cantos a Villa-Lobos, el Homenaje a Silvestre Revueltas, Impresiones, Círculos, dos piezas al estilo de Weil para dos guitarras, los estudios, como 30 obras para guitarra…

Guitarrisimo: ¿Quién es para usted es el guitarrista más grande en México?

Juan Helguera: Yo le dejo al boxeo y a las carreras de caballos los campeonatos. Siempre pienso en niveles. En México tenemos grandes guitarristas; en un nivel alto coloco a Juan Carlos Laguna, en ese mismo nivel pongo a Julio César Oliva como intérprete, a Jaime Márquez, a Antonio López, a Roberto Limón,… estoy hablando de unos cuantos porque hay muchos guitarristas en México, tal vez se me escape alguno pero en ese nivel son los principales.

Existe también un número muy grande de guitarristas jóvenes que están saliendo de las escuelas de música de todo el país, sólo que todavía no tienen nombre, pues el nombre lo hacen los medios, y por lo mismo no tienen dónde tocar; pero ellos ya son grandes guitarristas.

Guitarrisimo: Maestro, hablando de su acercamiento al piano, ¿cree usted que hubiera podido ser pianista?

Juan Helguera: A mí me interesaba el piano, pero comencé antes con la guitarra. Lo que sucede es que maestros de piano había muy buenos, y maestros de guitarra no, no sólo en Mérida sino en casi todo el mundo.

Debo hacer una aclaración. Yo tengo cultura musical, a mí me interesa lo mismo Messiaen que Tansman; la guitarra es uno de los instrumentos que yo amo, pero yo amo el piano también; para mí Bach es mi Dios, me da lo mismo escucharlo en cualquier instrumento. Así que no hubo tal salto mortal. Para mí la entrada al piano era natural, sólo que salía a la calle y oía la guitarra, yo vivía en una perpetua serenata en Yucatán, no había quien no tocará la guitarra, y, desde el punto de vista popular, bien tocada.

Guitarrisimo: Maestro, desde el punto de vista de la guitarra ¿cuáles cree que sean las obras más importantes?

Juan Helguera: A partir de los clásicos de principios del siglo XIX, digamos en París, nos encontramos a Carcassi, Giuliani, Sor, Aguado; pienso siempre en los abuelos, en los vihuelistas españoles; puedo hablar de mis gustos, me gusta mucho Robert de Visé, Mertz, Napoleón Coste; doy un salto mortal hacia fines del XIX y me encuentro con la obra de Villa-Lobos, con el trabajo de ese gigante que es Agustín Barrios -cuyas obras me gustan mucho- y con Ponce, que también están dentro de mis predilectos.

Estoy menos cerca de Castelnuovo, quizá porque escribió demasiado para el gusto de Segovia y para sus dedos, pero fue uno de los grandes compositores; estoy más cerca de Tansman, que por su nueva coloratura y avances musicales era muy difícil que Segovia lo tocara. Voy a dar un salto hasta William Walton -hablando de mis preferencia- con sus Bagatelas que me gustan mucho.

Uno de mis compositores predilectos del siglo XX es Toru Takemitsu, me encanta su música. Estoy muy cerca de la música del impresionismo francés, por lo que lamenté profundamente que Ravel no hubiera concretado su proyecto de escribir un concierto para Miguel Llobet. Pienso que tanto Ravel como Debussy estaban muy cercanos a la guitarra y siento mucho que no hayan escrito para ella, por eso atesoro la Zarabanda de Poulenc, que guarda ese gran espíritu francés y se acerca a lo que a mí me gusta; por el contrario, lo que escribió Milhaud para guitarra no me gusta ni un poquito. También me gusta gran parte de la obra de Leo Brouwer.

Guitarrisimo: Nos gustaría que nos dijera un poco más de su programa de radio.

Juan Helguera: El programa del lunes se repite el domingo. Estamos en onda corta y tenemos dos frecuencias, y con el Internet tenemos una difusión tal que ya no puedo establecer las mediciones. Puedo decirles que este programa y el de jazz son los dos programas de mayor éxito, desde el punto de vista musical, que tiene Radio Universidad, y lo digo con absoluta franqueza y sencillez porque a estas alturas sería un poco tonto presumir de algo.

Guitarrisimo: ¿Con cuál de sus obras está más identificado?

Juan Helguera: Eso es muy difícil, pero como yo entiendo su pregunta estaría entre los Dos cantos a Villa-Lobos y el Homenaje a Satie.

Guitarrisimo: Maestro, nos gustaría saber su opinión acerca de los cambios que hizo Segovia a la obra de Ponce, ¿piensa que son demasiados o son adecuados?

Juan Helguera: Pues mire usted, como he escrito muchas cosas y dado conferencias, hay mucha gente que tiene la falsa idea que soy anti-segoviano. Eso no es así. Lo que sucede es que en México durante algún tiempo se creó una especie de religión detrás de don Andrés Segovia, entonces si don Andrés decía una cosa eso tenía que ser aunque fuera mentira.

Entonces, cuando uno empieza aprender, a corregir sus equivocaciones y pasan los años y descubre cosas, se tiene que decir lo bueno y lo menos bueno. De primera instancia hay que decir que sin Segovia, don Manuel M. Ponce no hubiera sido internacionalmente conocido, y sin don Manuel M. Ponce, Segovia no hubiera desarrollado la carrera que desarrolló. Sólo basta leer el epistolario entre ambos. Nos damos cuenta cuando Segovia le pide a Ponce "vamos a ponerle el nombre de Weiss", o "vamos a poner de nombre Giuliani", o vamos hacer tal cosa… eso lo hace en todo el mundo, incluso poner nombrecitos, que son un poquito ridículos, a ciertos movimientos de algunas obras de Ponce para tocarlas en Nueva York.

A mí me parece que todo intérprete debe tener la libertad, máxime cuando está tan cerca de un autor, de manifestarle su inconformidad o sus sugerencias sobre determinada obra. Segovia tenía una gran técnica y conocía el instrumento como no lo conocía Ponce, por eso su consejo era invaluable para este último y por ello muchas de las obras de Ponce suenan tan bien, porque tenían los dedos y la idea de Segovia.

En cuanto a los cambios, yo soy enemigo mortal de ellos. Cuando un intérprete quiere hacer cambios yo le recomiendo: "Por qué no haces tus obras, si tienes tantas ideas mejor hazlas tú"; porque mucha gente quiere hacer un montón de cambios. Don Andrés se dejó llevar por la finura, la educación, la cultura de don Manuel, que en manera alguna era un hombre que se dejara, como piensan muchos; Ponce era un hombre tímido, pero tenía sentido del humor y era cáustico. Yo he conocido muchas de sus opiniones y sé que desde luego no estaba de acuerdo con lo que hizo don Andrés, prueba de ello son los nueve años de silencio que tuvo sin componer y sin contestarle a Segovia. Eran personas de diferentes niveles culturales: uno era un gran compositor e investigador, y el otro era un gran intérprete. O sea que, en síntesis, yo no puedo estar de acuerdo con los cambios que se le hagan a un compositor.

Hablando una vez con Lauro… a Lauro, Segovia solamente le grabó un vals, el número 3, y después tuvieron algún detalle y jamás volvió tocar música de Lauro; pero eso no sólo le pasó con éste, le pasaba con todo el mundo porque Segovia era así, sobre todo después de la segunda Guerra Mundial. En los años cincuenta don Andrés empieza grabar en Estados Unidos y se queda a vivir allá, lo que fue muy bueno para su carrera porque ahí encontró quien le hiciera una revista en homenaje -lo que es Guitar Review-, ahí encontró, en el público estadounidense -bastante ignorante-, un gran acomodo para la música ligera que tocaba y con la que obtuvo un gran éxito; además se acostumbró a la manera de ser -un poco ruda- del estadounidense, de que el que tiene habla, manda. Es como yo lo veo.

Guitarrisimo: Nos podría decir un poco más acerca de la relación entre Alirio Díaz y Antonio Lauro.

Juan Helguera: Como no, era una relación de hermanos que se quieren y se admiran. Gracias a Alirio, Lauro fue conocido, fue más que nadie un aliado invaluable, eso yo lo conocí de primera mano. Yo manifiesto mi rechazo total ante la posibilidad de una discrepancia entre ambos; fue una relación de hermanos. Lauro escribía con mucha sensibilidad, tocaba muy bien el piano y componía música de cámara de gran factura. Escribía muy bien; era un gran compositor.

Guitarrisimo: Gracias, Maestro.

Entrevista por Michael Neumann y Héctor García Mayén

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